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Tu problema es que no sabes lo que quieres en la vida

Escrito por Aritz Urresti el 20 Feb 2013
no sabes lo que quieres en la vida

Tu problema es que no sabes lo que quieres en la vida. ¿Alguna vez te has parado a pensar en esto? Desde niños se nos enseña a hacer, hacer y hacer, nunca a pararnos a pensar qué queremos. Todas las mañanas nos levantamos por hábito y nos ponemos en marcha, empezamos a hacer cosas, una detrás de otra. Pero no sabemos si esas cosas que hacemos nos llevan a algún sitio. Sólo sabemos que las hacemos para cumplir con la supervivencia moderna: pagar facturas. Pero nunca cambiamos nuestra situación. Si ganamos más, gastamos más, pero no nos movemos, no cambiamos nuestra situación, estamos igual, con hábitos más caros, pero igual. Pero… ¿Qué cosas quieres en la vida? ¿Cuáles son las cosas que siempre has deseado? ¿A qué aspiras? ¿Si todo te saliera como deseas, cómo te gustaría que fuera ti vida dentro de 5 años? Ante este tipo de preguntas, las personas no saben responder más que tópicos: viajar, estar con mi familia, seguridad económica, aumentar mis ingresos… Esto no es más que palabrería (bla, bla, bla). Esto no es saber lo que quieres.

Saber lo que quieres es:

1. Conocer con precisión:

  • Cuánto quieres viajar, cuándo, con quién y a dónde exactamente.
  • Cuánto tiempo quieres estar con tu familia y haciendo qué.
  • Qué es para ti la seguridad económica, qué cifra y en qué momento la quieres conseguir.
  • Cuánto quieres aumentar tus ingresos y en qué fecha.

2. Saber cómo lo vas a conseguir, que pasos vas a dar y en qué momento, es decir, tener un plan.

3. Y lo más importante… saber el para qué. ¿Para qué quieres esas cosas? ¿Cómo vas a lograrlas si no sabes para qué lo quieres?

Si no puedes responder a todo esto, no sabes lo que quieres, solamente tienes unos sueños pocos definidos, unos deseos vagos. Necesitamos tener una misión clara en la vida. Y llegar a tenerla es muy difícil. Hay que pensarlo mucho y bien, y ponerlo por escrito. Hay una palabra que define esto muy bien: claridad. Esto lleva mucho tiempo y esfuerzo, no se logra de un día para otro.

No hay forma de lograr una meta clara, a menos que comencemos con una visión mental, un enfoque o una definición muy clara de lo que debe ser el resultado, es decir: visualizar el beneficio final de lo que hago.

Las personas que no saben lo que quieren, se dejan arrastrar por la inercia y por la fuerza de la corriente de sus hábitos. Sus acciones jamás les llevarán a ver cumplidos sus sueños, porque no son más que sueños, no son deseos sinceros y ardientes. No son capaces de provocar las cosas que les suceden, simplemente reaccionan ante las cosas. Son reactivos, no proactivos. Cuando tienes una misión y eres capaz de visualizar lo que quieres, es cuando desarrollas la energía y la fuerza necesaria para entrar en acción, de forma constante y coherente, con determinación.

Pero todo viaje, además de un punto de destino (“qué quiero”), necesita un punto de partida (“cómo soy ahora”). Es preciso analizar cómo somos en este momento, comprender dónde estamos. Una vez localizados el punto de partida y el punto de destino, es cuando podemos trazar el camino, jamás antes. Trazar el camino significa tener un plan, unos hitos marcados que hemos de ir cumpliendo. Dichos hitos me ayudarán a trazar prioridades verdaderas, sabré para qué hago cada cosa, tendré determinación y confianza en mi mismo, por qué sabré lo que quiero conseguir. Y dejar de actuar en función de las urgencias, los imprevistos y los requerimientos de los demás, para empezar a actuar hacia mi meta. Debemos recorrer nuestro camino por nosotros mismos, no hacerlo por los demás. De esta forma todas las decisiones serán más fáciles, sabremos exactamente qué hacer en cada momento, fluiremos por la vida, sin obstáculos, eliminando los frenos de nuestra vida.

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